Dramaturgia

Las comedias mitológicas de Calderón

Escritas para celebraciones palaciegas, este corpus dramático prefigura el sueño wagneriano de obra de arte total, al ser concebido como crisol de un refinado despliegue visual, unas exquisitas partituras musicales, y una desbordante imagenería poética.


astrea-dramaturgia-img3

El juicio de Paris, Peter Paul Rubens

Recreación barroca

Ahora bien, esta recreación barroca de la mitología grecolatina no solo se limita a cumplir unas funciones de divertimento cortesano, sino que encierra sutiles alusiones a las estrategias del poder vigente, así como elaboradas alegorías de índole moral y filosófica acerca de nuestra humana condición.


Como señala Sebastian Neumester:

“Para Calderón el mito no es sólo un medio de glorificación político-heroica. El gran racionalista entre los dramaturgos del Siglo de Oro utiliza el mito y la alegoría antes bien para expresar lo inefable, los misterios de nuestra existencia y de la creación en general.”

El planteamiento dramatúrgico ideado para nuestra representación consiste en :

El recorrido de un grupo de siete actores a lo largo de un indeterminado espacio (acaso los misteriosas estancias del Alcázar de Madrid devastado por un incendio en 1734) en el que, como en el célebre Cuarto del Príncipe que Velázquez inmortalizó en Las Meninas, cuelgan diversos lienzos de temáticas mitológica.

Mediante determinados recursos teatrales, los actores se verán arrojados a un mundo de apariencia y representación abocados a convertirse en aquellas figuras sobrenaturales protagonistas de las más vibrantes escenas de las siguientes obras:

Eco y Narciso, El monstruo de los jardines, Fieras afemina amor, La estatua de Prometeo, El laurel de Apolo, El mayor encanto amor y El hijo del sol Faetón.

De pronto irrumpe la música del diecisiete compuesta para estas celebraciones áulicas, y en esta condensación sonora y visual servida desde parámetros estéticos contemporáneos, se destaca el actor de nuestro tiempo para representar todo un caudal de significados que subyace bajo estas candorosas fábulas, cuya aparente función lúdica no deja de ser un trampantojo más del gusto barroco.

Nuestra premisa parte de la voluntad de articular un lenguaje que, desde un planteamiento de despojamiento escénico, integre de forma esencial los tres aspectos mencionados: pintura, música y palabra encarnada en el actor.